¿Depresión postvacacional o señal de alarma? Lo que la ansiedad de septiembre intenta decirnos

¿Depresión postvacacional o señal de alarma? Lo que la ansiedad de septiembre intenta decirnos

Es llegar los primeros días de septiembre y las noticias, revistas y redes sociales se llenan del mismo término: la depresión postvacacional. Nos dan consejos rápidos, tips de tres líneas para "volver con energía" y listas de propósitos que parecen diseñadas para robots, no para personas. Se habla de esa apatía o de la angustia al pisar la oficina como si fuera una especie de patología extraña que tenemos que curar a contrarreloj.

Pero déjame decirte una cosa: sentirnos abrumados, cansados o con un nudo en el estómago al volver a la rutina no significa que estemos enfermos: Significa que somos humanos.

Y, si lo miramos de cerca, esa ansiedad no es un enemigo que haya que tapar corriendo; es una oportunidad para pararnos a pensar qué está pasando en nuestra vida.

La trampa de patologizar lo normal

Imagina que pasas dos o tres semanas en un entorno donde tú decides tus horarios, donde el ritmo es pausado y donde el descanso es la prioridad. Tu mente, que probablemente llevaba meses al límite por la prisa diaria, por fin se relaja.

Y, de repente, en cuestión de horas, vuelves a activar el despertador a las siete de la mañana, te enfrentas a una bandeja de entrada colapsada, al tráfico y a las exigencias de siempre. ¿De verdad nos sorprende que la mente proteste?

Llamar “depresión” o "síndrome" a la lógica resistencia de nuestro cuerpo a cambiar el descanso por el estrés es, cuanto menos, injusto. No tienes un trastorno; simplemente estás viviendo un choque muy brusco entre dos realidades. Las vacaciones a menudo funcionan como una anestesia temporal: nos alejan de los problemas cotidianos, pero no los resuelven. Por eso, la vuelta a la rutina actúa como un espejo que te obliga a mirar de frente aquello que las vacaciones habían difuminado.

La ansiedad como señal de alarma: ¿Qué necesito cambiar?

Si la idea de volver a tu rutina te genera una angustia desproporcionada, la verdadera pregunta que debemos hacernos no es cómo adaptarnos más rápido para volver a producir como si nada. La verdadera pregunta es: ¿De qué tipo de vida estabas necesitando huir cuando te fuiste de vacaciones?

Ese nudo en el estómago en septiembre suele ser un mensajero. Te está avisando de que el ritmo que llevabas antes de irte no era sostenible, o de que hay cosas en tu día a día que te están agotando los recursos.

Te propongo aprovechar que ahora mismo tienes las emociones a flor de piel para hacer un pequeño análisis de tu rutina y ver qué te está doliendo exactamente:

  1. El factor tiempo: ¿Tu rutina está diseñada con márgenes para respirar o vives en un estado de urgencia constante de lunes a viernes?
  2. La carga de la autoexigencia: ¿Sientes que para cumplir en tu día a día tienes que cargar con una mochila donde tú siempre vas el último? ¿Te estás exigiendo rendir siempre al 100%?
  3. La falta de sentido: ¿Tu día a día actual está alineado con lo que de verdad te importa, o pasas el año viviendo en piloto automático esperando que llegue agosto para empezar a vivir?
Cambiar no significa huir, sino rediseñar

Sentir ansiedad al volver de vacaciones nos da una información valiosísima: nos muestra con precisión dónde aprieta el zapato. No se trata de huir ni de tomar decisiones drásticas de la noche a la mañana. Se trata de escuchar ese aviso para empezar a introducir pequeños cambios que dependan de ti: poner un límite horario al trabajo, rascar treinta minutos al día para algo que te guste, delegar o aprender a decir "no" sin llenarte la mochila de culpa...

Analizar los factores que te generan esa angustia y rediseñar una rutina que no te obligue a vivir al límite de tus fuerzas requiere perspectiva y herramientas.

Si sientes que la vuelta se te está haciendo cuesta arriba y quieres aprovechar este momento para entender qué necesita cambiar en tu vida y cómo empezar a hacerlo, recuerda: si el camino está siendo difícil, no tienes por qué hacerlo solo.

Me encantaría que me dejases en comentarios qué te ha parecido, si te has sentido identificado o sobre qué otras cosas te gustaría que reflexionemos en las siguientes publicaciones.

¡Un abrazo y feliz semana a todos!



Referencias y lecturas recomendadas:

Lazarus, R. S., & Folkman, S. (1984). Stress, appraisal, and coping. Springer Publishing Company.

McEwen, B. S. (2005). Stressed or stressed out: What is the difference? Journal of Psychiatry and Neuroscience, 30(5), 315–318.

Gross, J. J. (2015). Emotion regulation: Current status and future prospects. Psychological Inquiry, 26(1), 1-26.

Maslach, C., & Leiter, M. P. (2016). Understanding the burnout experience: Recent research and its implications for psychiatry. World Psychiatry, 15(2), 103-111.

Si te has sentido identificado con este post y sientes que necesitas herramientas personalizadas, no dudes en contactarme.

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Comentarios (1)

Lucía

Qué reflexión tan importante e interesante, sobre todo en la época que estamos viviendo en la que parece que cualquier sentimiento “negativo” ya implica un diagnóstico

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